Hacía mucho frío, así que Nancy se puso su híperpullover favorito, el naranja y amarillo. El prefrío de ese año había sido muy breve y ella no se sentía lista para salir a la calle. Sin embargo abrió la puerta y se enfrentó al cruel, gélido viento desnariz. Miró a su alrededor con los ojos lagrimeantes entornados y sacó del bolsillo de su sobretodo la interbebida de ese día: té rojo con miel.
Empezó a andar de espalda al viento mirando a los subgatos ocasionales con pena y desgano. En un momento estuvo a punto de tropezar porque se le cruzó una transpaloma, pero aparte de eso la caminata fue incluso más insulsa que las rutinarias,
Cuando estaba llegando a la zona de superedificios, Nancy sacó un papel con la dirección anotada y apuró un poco el paso.
Entró y subió en ascensor los 540 pisos sonriente, hasta llegar a la descomunal terraza donde la esperaba un triavión.
En el cuerpo izquierdo del transporte le pidieron el pasaje y la guiaron a un cómodo asiento violeta donde, con la expresión más feliz que pudiera imaginarse, escuchó al capitán decir: tengan una exótica y catastrófica bienllegada al No-encuentro de la antipalabra.
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