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24 de julio de 2019

Mañana sabemos qué hacer

  Alma Mipiuac está cada vez más insoportable. Cuando llegó el primer día su tapado peludo me dio repulsión, pero se veía tan aniñada que dejé mis prejuicios de lado.
  Recién en el almuerzo pude hablar con ella. Para qué: se sentó insultando la calidad de la comida, pidió que corriera mi saco porque estaba incómoda, le dijo a la buena de Claudia que no hiciera ese ruido al masticar y, finalmente, se sumió en un silencio hosco que duró hasta que, después de aclararse la garganta, comentó que, a pesar de lo que le habían dicho, yo parecía bastante razonable.
  Volvimos a la oficina y, por curiosear, me asomé a su piso. La vi a Alma caminar con la cabeza alta hacia su escritorio, donde desapareció tras una pila de cosas que había esparcido a su alrededor.
  A los días, la gente de su piso se había ido mudando a otros escritorios y el de Alma Mipiuac parecía una isla. Escuché decir que era muy eficiente, pero que absorbía el buen humor de todas las personas que se le acercaban.
  Intenté aguantarla en los almuerzos para que no estuviera tan sola, pero me convertí en el blanco de comentarios que fueron minando mi ánimo.
  Estamos hasta la coronilla de verla llegar todos los días con su andar condescendiente, su cara demacrada torcida en una sonrisa agria, sus ojos fríos y vacíos y su cuerpito frágil protegido por ese asqueroso tapado peludo.





El mipiuac es un bípedo peliplumífero de las selvas subtropicales de Revillodlandia. Para leer su descripción, vaya a este link: https://odatalleristas.blogspot.com/2019/07/mipiuac.html

Ramíro Canagüigón

  Se despertó después de 48 horas de sueño, acalorado, a pesar de la ventana abierta, el ventilador y los 9° que hacía afuera. La luz le dificultó la vista. Cuando finalmente pudo abrir por completo los ojos, tanteó en la mesa de luz y miró el reloj. La una y media del mediodía.
No se había puesto alarma porque se dijo que, tras noches durmiendo solo dieciséis horas, y exhaustivos días soportando las consecuencias, debía descansar, dormir -al menos una noche- decentemente.
  Pero se había despertado temprano de todos modos.
  De un salto abandonó la cama y atravesó la habitación.
  Cuando sus suaves pasos llegaron a la cocina, subió las persianas y abrió el ventanal que daba a la hermosa montaña. El aire y la luz del invierno se filtraron en la casa. Luego escuchó una voz en la sala.
  Se alejó del ventanal, los ojos entrecerrados, el pelo rubio revuelto, el piyama improvisado dos días antes, y con pasos ligeros, que casi no resonaban en la gastada madera, siguió a la voz. Provenía del teléfono.
  -Tienes ocho nuevos mensajes. Pulsa "play" para escucharlos. Tienes ocho nuevos mensajes. Pulsa "play"...
  Quizás eso lo había arrancado del sueño.
  Apretó la tecla.
  -Hola Rami- la voz suave de su hermana mayor resonó en la sala. Él prestó oído- Me gustaría verte uno de éstos días. ¿Cómo estás? ¿Cómo te trata el frío? Ahí en la montaña debe estar terrible. En fin...venite un día a la ciudad y hacemos un asado o algo. Dale copate- la voz en el teléfono hizo una pausa- bueno- prosiguió como quien duda de lo que está diciendo- nos vemos....te quiero
  "Tuuuuuu" el ruido finalizó el mensaje. Enseguida comenzó otro:
-Campeón, ¿el viernes venís a la final de fútbol? Pablo ya consiguió entradas. No te olvides la camiseta, ¿eh?- su amigo se rió- Van a estar  Pablo, Cacho, Mercedes, Luli, Laura, Juancho y yo.
  "Tuuuuuuu"-Hola, querido-esta voz era muy distinta a la anterior, más cálida, lenta, cariñosa, menos emocionada. Y así era la persona que la emitía; como un abrazo. La voz de su abuela resonó en la sala- ¿Cómo estás? Escuchame, te quería preguntar si para tu cumple habías planeado algo...-Ah, su cumple. Ramiro se había olvidado. Miró el almanaque. Faltaban dos días.- Susana me recomendó un restaurante buenísimo, ahí por donde fuimos al museo aquella vez.... Bueno, avísame y yo hago la reserva, ¿te parece? Beso grande.
  "Tuuuuuu"
  Los mensajes siguieron un rato más.
  Ramiro fue al baño. Su reflejo le mostraba a un tipo rubio, desgarbado y flacucho.
Se vistió y preparó una mochila con unas pocas cosas: un reloj, cinco mudas de ropa, un libro y un cuaderno.
  Abrió el ventanal. Puso un banquito para poder treparse al alféizar y una vez ahí, saltó hacia afuera, atravesando cinco metros llenos de adrenalina y aterrizando en un pasto suave, en sus dos pies, como si solo se tratara de bajar un escalón.
  El pasto, tras 48 horas de sueño, le resultó suave y agradable. Ramiro sonrió.

6 de julio de 2019

La señora Padraja desde el punto de vista de:

Ella misma:

  Me gusta estar sola y disfrutar de mi colección de plumas impermeables y lana de todos colores, solía decorar ropa con ellas. Amo comer sopa de cabellos de ángel, pero generalmente estoy llena con la primera cucharada; el médico me dijo que tal vez era porque comía demasiado pelo real y eso afectaba mi apetito, después de todo, cuando estoy nerviosa suelo hacerlo.
  Mi esposo se murió. Habíamos tenido un hijo el cual arrojamos al río cuando aprendió a caminar: si ya sabía moverse no necesitaba un padre ni una madre. Raramente, mi marido no quedó muy feliz y se sintió demasiado culpable, no entendió que los bebés que saben andar ya pueden vivir solos. Cuando fui a su entierro me encontré con el señor del cuarto “B”, me pareció que si ambos estábamos allí podíamos ser amigos. Le conté que había logrado enhebrar una aguja y de lo feliz que estaba por ello, también le hablé un poco de mi vida, y él… él no me contó nada, sólo que vivía en el cuarto “B”. Pero, aunque ese día tuve confianza para hablar con cualquiera, no le había dicho a nadie lo de la aguja.
  Hace una semana le llevé una gran artesanía exquisita, pero pareció no gustarle. Se entristeció y mencionó que me ayudaría, aunque aún trato de descifrar en qué.


El señor del cuarto “B”

  La señora Padraja suele aislarse del resto, pero el otro día vino a mi casa para traerme una extraña peluca envuelta en un abrigo de lana, al dármelo me pareció que se le hacia agua la boca y que quería devorarlo, sin embargo no sé cual fue el motivo del anormal regalo. Tiene una obsesión con la sopa de cabellos de ángel, cuando la veo en el supermercado se compra decenas, pero come tan poco como un pájaro (tal vez ingiera algo más. Su pelo es esponjoso, canoso y abundante, su piel áspera como las escamas.
  Tuvo una vez un marido y un hijo, al pobre lo tiraron al río cuando aprendió a caminar, poco tiempo después el hombre se suicidó. Fue en el entierro donde pareció ser amigable y, allí, es donde la conocí mejor: se confió al instante y me contó numerosos logros (tan inútiles como poder enhebrar una aguja) de los que estaba muy emocionada. Me dijo que era costurera y tejedora, se dedicaba a adornar prendas con plumas y lana, que eran cosas que abundaban en su hogar y siempre tenía de sobra. También mencionó que proviene de una pradera de algún país nórdico sin patos ni ovejas, donde le gusta nadar en las lagunas.
  Aunque fue bastante amable conmigo, me pareció una persona bastante pegajosa. Creo que necesita mi ayuda, la pobre aparenta intentar volar para dar un salto en sus costumbres, pero no llega a hacerlo: necesita alas más grandes.





Padraja es una especie animal de la cruza de un pato, dragón y oveja. Es un aplumado picudo de apasionado vuelo de las praderas del norte. La descripción se encuentra en: https://odatalleristas.blogspot.com/2019/07/padraja.html